NIÑAS ADOLESCENTES

Existen dos períodos clave en el desarrollo de la identidad infantil que requieren enfoques distintos: la niñez y la adolescencia. La confluencia del género y la edad merecen una atención particular, pues las adolescentes afectadas por el desplazamiento en áreas urbanas enfrentan enormes desafíos en vista de la menarquia. En las intervenciones de desarrollo, los niños y niñas a menudo se homogeneizan en una sola categoría, pasando por alto sus grandes diferencias, a menudo con base en enfoques que infantilizan a las adolescentes o que no las distinguen de las mujeres adultas. Este recuadro destaca los desafíos y las necesidades particulares de este grupo de personas menores de edad que a menudo no son un objetivo explícito de las intervenciones. Se basa en un conjunto de trabajos de ONG e investigaciones que poco a poco han ido en aumento, del Gender and Adolescence: Global Evidence study [Estudio mundial de evidencias sobre el Género y la Adolescencia].

En los entornos de desplazamiento, se agravan los riesgos para las niñas debido a la violencia y a las actividades sexuales precoces, en vista de los desafíos sociales y físicos que supone manejar la menstruación en situaciones de hacinamiento, con limitaciones relativas a la privacidad, el agua, el saneamiento y los servicios de higiene. Puede que los cuidadores/as den prioridad a la modestia y al secreto, por encima de las necesidades fisiológicas básicas de las niñas (Chant, Klett-Davies, y Ramalho, 2017). Por otra parte, una proporción creciente de adolescentes se desplaza sin alguno de sus padres.

Las adolescentes “se ven sujetas a múltiples capas de discriminación, con base en los roles de género que se construyen a nivel social, pero también por motivos de edad, lo cual agrava su marginación”. Por lo general, se les relega a lo más bajo de las estructuras de poder dentro de la familia, la comunidad y la sociedad” (Aling’o y Abdulmelik, 2017, p. 2). Estas desigualdades tienen como resultado que las adolescentes se vean desproporcionadamente afectadas por las exclusiones estructurales y las limitaciones de espacio que caracterizan a muchos sectores urbanos pobres, con importantes implicaciones para su salud, bienestar y su avance personal (Ramalho y Chant, de próxima publicación). La capacidad de las chicas de cuidar adecuadamente su higiene personal durante la menstruación se ve adversamente afectada por los tabúes que inhiben los intercambios francos y abiertos sobre la salud reproductiva femenina.

La adolescencia es una etapa clave del desarrollo cognitivo, emocional y social, y de la transformación física en lo individual. Para las chicas, la primera menstruación marca una serie de cambios biológicos y socioculturales significativos: la entrada a la condición de mujer y la capacidad de procrear. Esto suele asociarse con expectativas de un comportamiento distinto y de asumir responsabilidades adicionales en el hogar, lo cual supone menos tiempo para la educación y las actividades recreativas (Mmari et al., 2016, citado en Coast y Lattof, 2018).

Los códigos morales en torno al género pueden dar lugar a una mayor vigilancia de las adolescentes, a modo de reducir su interacción con los hombres, limitando así su movimiento y reduciendo su uso de los espacios públicos. Mientras que
la movilidad se expande para los chicos adolescentes, los espacios se reducen para las chicas. Además, las chicas a menudo perciben el espacio público como inseguro y pueden correr el riesgo de que su reputación se vea perjudicada al encontrarse allí. Las preocupaciones por la seguridad limitan la libertad, la movilidad geográfica y las oportunidades de las adolescentes, lo cual tiene consecuencias psicosociales y materiales a largo plazo para su bienestar (Hallman et al., 2015).

Las normas sociales y el acceso limitado al agua limpia, y por ende a los espacios privados para bañarse producen circunstancias excepcionalmente difíciles para que las mujeres en edad reproductiva puedan controlar su higiene menstrual. La situación es aún más difícil para las chicas con discapacidad o que se enfrentan a la discriminación en su acceso al agua y al saneamiento debido a su origen étnico o su nacionalidad (Ramalho y Chant, 2021; Coast et al., 2017; Sommer et al., 2015). La ausencia de instalaciones de acceso al agua y de saneamiento amenas para las chicas en las escuelas hace que muchas de ellas falten a las clases.

Las escuelas son espacios donde las chicas pueden verse expuestas a la violencia sexual y de género por parte de sus compañero/as y maestro/as, lo cual también contribuye a la deserción escolar. Las adolescentes que viven en las ciudades señalan que se han visto expuestas al acoso en sus traslados a la escuela o en las instalaciones compartidas de acceso al agua y de saneamiento. Vivir sujetas al miedo constante al crimen y a la violencia conlleva graves consecuencias para la salud mental. Las adolescentes desplazadas en entornos urbanos se enfrentan a desafíos específicos, agravados por las limitaciones socioeconómicas, de espacio y de infraestructura asociadas con los sectores urbanos pobres o con los asentamientos precarios donde éstas se establecen.

Este recuadro se basa en gran medida en Chant, S., Klett-Davies, M., y Ramalho, J. (2017). Challenges and potential solutions for adolescent girls in urban settings: a rapid evidence review [Desafíos y posibles soluciones para las adolescentes en entornos urbanos: un repaso rápido de las evidencias]. Londres. Para un repaso más detallado, favor consultar dicho documento.

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